Qué son los ODS
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) constituyen una apuesta de las Naciones Unidas por la mejora de las condiciones de vida universales de las personas de sus Estados Miembros. Se aprobaron en 2015 como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En este documento se establece un plan para alcanzar los Objetivos en 15 años, una meta ambiciosa que espera alcanzar para 2030.
La primera pregunta que emerge, casi de forma obligatoria, es qué es el desarrollo sostenible y porqué es tan importante. En cualquier sistema, ya sea económico o ecológico (o en ambos, porque realmente no se pueden disociar ambos sistemas) existen unas limitaciones. El sistema produce unas salidas (outputs) en función de unas entradas (inputs).
Las entradas normalmente son recursos (naturales, humanos, etc…) que suelen estar limitados por su propia esencia y las tasa de renovación de las materias. Esto conlleva que las salidas o productos del sistema estén condicionadas por las entradas. Además, durante el sistema de producción, el sistema puede generar unos subproductos (residuos, desechos…) que pueden condicionar el propio ambiente productivo y jugar en detrimento de la producción.
Mantener el sistema en funcionamiento óptimo implica que no produzca por encima de su capacidad, que no consuma más recursos de entrada de los disponibles y que no genere más subproductos residuales de los que podrían comprometer su capacidad productiva. La producción del sistema y los beneficios que de ahí se deriven dependen de ello.
Así pues, en un contexto amplio, el desarrollo sostenible se ha definido como aquel capaz de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones. Es decir, aquel en el que los sistemas productivos no consuman recursos por encima de la capacidad de su renovación, ni generen subproductos que puedan deteriorar al sistema o condicionar la renovación de los recursos en el futuro.
Pero, alcanzar el desarrollo sostenible no es sencillo. Es fundamental armonizar el crecimiento económico, con el bienestar sociedad y la protección del medio ambiente. Estos tres elementos están interrelacionados. Promover un crecimiento económico sostenible, que cree oportunidades y mejore los niveles de vida básicos de todos los integrantes de la sociedad, es fundamental para el aprovechamiento de los recursos naturales y los ecosistemas. En el caso de la industria turística esto es esencial ya que esta industria depende de recursos básicos como el paisaje, el agua, el sol y otros tantos, sin menospreciar los recursos humanos.
Una cuestión íntimamente ligada al desarrollo sostenible y los ODS, y de actualidad, es el cambio climático. Se trata ya de una realidad, cuestionada por algunos sectores interesados, pero realidad. Afecta a la salud pública, la seguridad alimentaria, la disponibilidad de recursos naturales, los procesos migratorios y, más pronto que tarde, a la paz y la seguridad. Esta realidad condiciona las inversiones en desarrollo de la industria hotelera que debe tener en cuenta el cambio climático, por ejemplo, a la hora de tratar de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, modular los consumos, reforzar la eficiencia energética y considerar cuestiones de climatización, entre otras. En realidad, hacer frente al cambio climático y fomentar el desarrollo sostenible son dos caras de una misma moneda: muchos de los ODS abordan los factores desencadenantes del cambio climático.
Cuáles son los ODS
Las Naciones Unidas plantean 17 objetivos, que son los siguientes:
- Alcanzar el fin de la pobreza.
- Poner fin al hambre.
- Garantizar una vida sana y promover el bienestar general.
- Garantizar una educación de calidad y promover oportunidades de aprendizaje para todos.
- Lograr la igualdad de géneros.
- Garantizar la disponibilidad de agua, su gestión sostenible y el saneamiento para todos.
- Garantizar el acceso a una energía asequible, segura y sostenible.
- Promover el crecimiento económico sostenible, el empleo y el trabajo.
- Crear infraestructuras resilientes, fomentar la innovación y una industrialización sostenible.
- Reducir la desigualdad.
- Lograr que las ciudades sean más seguras, resilientes y sostenibles.
- Garantizar el consumo y la producción sostenible.
- Adoptar medidas para combatir el cambio climático y sus efectos.
- Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos.
- Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener la degradación de tierras y la pérdida de biodiversidad.
- Promover una sociedad justa y pacífica.
- Revitalizar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.
Aunque muchos de estos objetivos son ambiciosos y la realidad es que no se avanza a la velocidad necesaria para alcanzarlos en el plazo previsto, se espera que la década 2020-2030 sea decisiva para progresar lo necesario en su consecución. En este contexto, se confía en cierto optimismo tecnológico. Es decir, gran parte de estos objetivos requieren de desarrollos tecnológicos necesarios para ser alcanzados.
Implicaciones de los ODS en la industria turística y la hostelería
Hay autores que definen a la industria turística como una gran consumidora de recursos naturales. Si bien esto no es totalmente cierto, sí lo es el hecho de que el turismo depende de los recursos naturales. Existen ejemplos claros que evidencian esta íntima relación, y por ende, la dependencia de los ODS.
La disponibilidad de agua en los lugares donde se asientan los hoteles, para el abastecimiento de los clientes y los usos recreativos, es esencial. Esto genera una huella hídrica evidente, que implica no sobreexplotar acuíferos, la no existencia de vertidos sobre ellos, el uso racional del agua (tanto recursos hídricos terrestres como marinos) y mantener las masas de agua en un estado higiénico y de calidad aceptables. Además, cabe recordar que el uso del agua no es potestad exclusiva de la industria ni las personas. El agua cumple con una función ecológica esencial y soporta gran parte de los servicios ecosistémicos que ofrecen los ecosistemas, que repercuten positivamente sobre otras necesidades del turismo y la hostelería. La realidad no es sencilla y por eso la problemática tampoco. Conservar y usar de forma sostenible los recursos naturales requiere a veces de soluciones complejas o con múltiples enfoques.
Si se pone el foco, por ejemplo, en la modificación de los ecosistemas litorales se podrá observar las múltiples implicaciones que ello tiene. Una ocupación excesiva del dominio público marítimo-terrestre, o la eliminación de ecosistemas litorales dunares (la cuna de nacimiento de las playas), puede alterar la dinámica litoral, afectando a las playas. Se vería así reducida la extensión de las orillas, lo que causaría pérdidas de arena durante los temporales, destrozos en las infraestructuras y equipamientos de la playa y crearía la necesidad de aportes externos para recuperarlos.
Se entraría así en un ciclo cerrado en el que cada vez la playa es de menor calidad, hay más necesidad y más frecuente de aportes de arena. De manera paralela la satisfacción del cliente se va reduciendo progresivamente, al igual que las opciones de uso de la industria, y el destino turístico, pueden ir perdiendo beneficios y atractivo respectivamente. Estos procesos pueden llegar a alterar la salinidad de los acuíferos cercanos, lo que sería un despropósito aún mayor. Esta hipotética situación afectaría a ODS estrictamente ambientales, pero también a los relacionados con la economía y el bienestar social.
Otro de los recursos de los que se nutre el turismo es el paisaje. Los turistas buscan experiencias auténticas en lugares únicos, con encanto y rasgos naturales. La alteración del paisaje y el urbanismo excesivo juega en contra del atractivo turístico de los destinos, razón por la cual la integración arquitectónica y paisajística de las infraestructuras turísticas, y el respeto por la arquitectura típica local, son fundamentales. En este punto la integración de zonas verdes con vegetación autóctona, no usar especies invasoras, los nuevos diseños de jardines verticales, y la creación de infraestructuras verdes urbanas, conforme a las nuevas directrices de la UE para la conectividad ecológica, resultan esenciales. Y todos estas recomendaciones tienen al menos un ODS vinculado y requieren de soluciones tecnológicas.
Las medidas de eficiencia energética y la reducción del uso de combustibles fósiles ayudan a reducir la huella de carbono de la industria turística, lo cual es un requisito indispensable y normativo en la actualidad, pero también una necesidad en el escenario de cambio climático actual. Ante los próximos desafíos que van a suponer la Directiva sobre Información de Sostenibilidad Corporativa y el paquete Omnibus de Normas de Sostenibilidad la Unión Europea, y el recientemente aprobado Real Decreto 214/2025 por el que se crea el Registro de Huella de Carbono, establece la obligatoriedad de calcularla, y exige la elaboración y publicación de planes de reducción para grandes empresas y administraciones públicas en España; toda solución tecnológica que ayude a reducir la huella de carbono cobra mayor relevancia.
Apostar por tecnologías novedosas, el uso de energías más limpias y, desde luego, por inversiones sostenibles que permitan acceder a esas tecnologías es fundamental para alcanzar un objetivo de emisiones cero mínimamente creíble y viable. Las nuevas líneas de financiación sostenible que ofrecen los grandes bancos, y que se basan en ofrecer condiciones ventajosas si se cumplen ciertos objetivos -kpi- ambientales, son otra muestra más de la apuesta por alcanzar los objetivos marcados en los ODS por la Agenda 2020.
En todos los casos se puede intuir que el conjunto de los ODS está interrelacionado entre sí. No es factible trabajar en la consecución de un objetivo ambiental sin que ello tenga implicaciones sociales, económicas, de seguridad y salud, o del bienestar de la población. De ahí que la apuesta por las tecnologías que ayuden a alcanzar esos objetivo en la industria turística y la hostelería tenga también múltiples efectos en otros sectores de la sociedad.
Necesidades de soluciones tecnológicas
Existen múltiples opciones de mejora tecnológica en el ámbito de la gestión de un hotel que pueden ser objeto de desarrollo por parte de los expertos en las mismas. Seguidamente se sugieren algunas de ellas.
Implementación del hidrógeno verde como combustible energético limpio. Aunque ya existen plantas de producción y empresas de distribución, aún no son del todo accesibles las tecnologías que permiten su uso en la industria turística. Calderas alimentadas con hidrógeno, por ejemplo, serían clave para no depender de combustibles fósiles y alcanzar la descarbonización.
Mejoras para el uso de gases refrigerantes con potencial de calentamiento atmosférico (PCA). No sólo es importante desarrollar sustancias con menor potencial de impacto sobre la capa de ozono y menor impacto como GEI, sino que es necesario desarrollar tecnologías cada vez más compatibles con estas nuevas sustancias refrigerantes. A partir de 2027 se exigirán gases con PCA < 150.
Mayor eficiencia en la climatización y la gestión del ACS. El mayor gasto de energía de un hotel está en la climatización, calefacción y el agua caliente sanitaria. Alcanzar una mayor eficiencia en los equipos que consumen energía para estos fines es esencial para reducir los consumos y las emisiones de GEI. Esto se puede conseguir mediante el uso de combustibles de bajo impacto, con el consumo de energías verdes y con GdO o con la mejora de la eficiencia de las tecnologías encargadas de ello.
Tecnologías de aerotermia más eficientes. La recuperación del calor emitido al medio exterior como consecuencia de los procesos de combustión o pérdidas de la maquinaria, y su posterior conversión en energía, es ya una realidad. Pero aún faltan tecnologías más eficientes que permitan mayores tasa de recuperación para su empleo en fines más ambiciosos, como por ejemplo el calentamiento del ACS. Estas tecnologías están por llegar, se basadas en soluciones naturales. A fin de cuentas, la recuperación de calor es una solución que vienen empleando los seres vivos en ambientes fríos desde hace miles de años.
Tecnologías híbridas capaces de usar energía GdO y biocombustibles o gas licuado. Estos biocombustibles reducen las emisiones en un 70-75% con respecto a los combustibles fósiles como el gasóleo y una alternativa óptima sobre todo para hoteles en emplazamientos de montaña o con dificultad para el suministro de otros combustibles.
Valorización de residuos. Casi en el contexto anterior, las tecnologías capaces de usar residuos, con algún grado de transformación, como combustible ayudarían no sólo a reducir las emisiones de GEI y la huella de carbono, sino también a mitigar el impacto de la gestión de residuos.
Mejoras en las envolventes térmicas de las instalaciones. La ‘segunda piel’ del edificio es básica para el aislamiento de las condiciones exteriores y reducir la dependencia de la climatización, y con ello, mejorar la eficiencia energética y reducir la huella de carbono.
Implementación de la IA en las soluciones tecnológicas enfocadas a mejorar la eficiencia energética. Los sistemas automatizados que controlan la iluminación y la climatización optimizan el consumo, reducen costes y la huella de carbono. Por este motivo, el análisis de datos y la capacidad de los sistemas de anticiparse a las necesidades de los clientes a través del inteligencia artificial, puede contribuir a los objetivos de sostenibilidad. Además, estas soluciones no se restringen a las tecnologías más próximas a los clientes, sino que también pueden ser aplicables a la mejora de los grandes equipos de control, BMS y sistemas del hotel.
Existen más opciones: control de calidad del agua, de la salinidad, de las condiciones de almacenamiento de químicos, etc… El tecno-optimismo puede ayudar a resolver gran parte de los problemas sociales y ambientales, y con ello a contribuir a la consecución de los ODS. La tecnología mejora continuamente y con ella el bienestar de la sociedad. Apostar por este tipo de soluciones y ser cada vez más sostenibles en el mundo del turismo es fundamental.

